La vendimia es uno de los momentos más importantes del calendario vitivinícola, pero para llegar hasta ella hay que recorrer todo un año. En el viñedo no existen atajos: la uva necesita tiempo, cuidados y unas condiciones determinadas para alcanzar el equilibrio que buscamos antes de entrar en bodega.
En Rueda, donde la vendimia tiene unas características muy particulares, este seguimiento resulta especialmente importante. El clima, el suelo, la variedad y la evolución de cada parcela determinan el momento adecuado para comenzar la recolección.
Pero ¿qué ocurre antes de que llegue ese día? ¿Cómo sabemos que una uva está realmente preparada para ser vendimiada?
Nosotros podemos resumirlo siguiendo el calendario de la vid, desde el reposo invernal hasta las semanas decisivas de finales de verano.
Invierno: la vid descansa, el trabajo continúa
Entre diciembre y febrero, la vid se encuentra en reposo vegetativo. Ha perdido sus hojas y su actividad se reduce considerablemente, pero el viñedo está lejos de estar parado.
Durante estos meses realizamos una de las labores fundamentales del ciclo: la poda de invierno. Con ella seleccionamos los sarmientos y las yemas que permanecerán en la planta, ayudando a regular su futura producción y a mantener una estructura equilibrada.
También es un buen momento para trabajar el suelo y preparar el viñedo para la nueva campaña.
Aunque todavía falten muchos meses para la vendimia en Rueda, las decisiones que se toman durante el invierno ya están influyendo en la cosecha que llegará después.
Primavera: comienza un nuevo ciclo
Con la subida de las temperaturas llega el despertar de la vid. Primero aparece el llamado lloro, cuando la savia vuelve a circular y sale por las heridas de poda. Poco después comienza la brotación y las yemas se transforman en pequeños brotes verdes.
Durante abril y mayo, el crecimiento se acelera. Aparecen hojas, sarmientos y, posteriormente, las flores que darán lugar a los futuros racimos.
La floración y el cuajado son etapas especialmente importantes. Las flores fecundadas comienzan a transformarse en pequeños granos de uva y la futura cosecha empieza a tomar forma.
En esta fase también prestamos especial atención a la evolución sanitaria del viñedo y al desarrollo de la vegetación. El objetivo es conseguir un equilibrio adecuado entre planta y fruto.
Todavía no pensamos en vendimiar. Pero sí en llegar a la vendimia con una uva sana y bien desarrollada.
Verano: comienza la cuenta atrás
Durante los meses de junio y julio, los racimos crecen y los granos aumentan progresivamente de tamaño. La vid continúa realizando la fotosíntesis y acumulando reservas, mientras la uva avanza hacia su maduración.
El siguiente gran momento es el envero.
En las variedades blancas, como las que tienen especial protagonismo en la zona de Rueda, las uvas comienzan a cambiar de aspecto y a adquirir tonalidades más amarillas y doradas. Es una señal visible de que la maduración ha comenzado.
A partir de este momento se producen cambios importantes en la composición de la uva. Aumentan los azúcares, evoluciona la acidez y se desarrollan progresivamente los compuestos responsables de los aromas y características que después encontraremos en el vino.
Y aquí empieza una de las partes más delicadas del trabajo: saber esperar.
Agosto y septiembre: ¿cuándo empieza la vendimia en Rueda?
No existe una fecha universal para comenzar a vendimiar. Ni siquiera todas las parcelas de una misma bodega tienen por qué estar preparadas al mismo tiempo.
Durante las semanas previas a la vendimia en Rueda, realizamos controles periódicos para conocer cómo está evolucionando la uva. Analizamos parámetros como el grado probable, la acidez y el pH, pero también observamos otros aspectos que ayudan a determinar su madurez.
Porque una uva puede tener un determinado nivel de azúcar y, sin embargo, todavía necesitar tiempo para alcanzar el equilibrio que buscamos.
La madurez aromática y fenólica también resulta fundamental. El estado de la piel, la pulpa y las semillas, la textura del grano, sus aromas y su sabor aportan información que complementa los datos analíticos.
Por eso, además de analizar, hay que mirar, tocar y probar.
Solo cuando el conjunto de estos factores indica que la uva ha alcanzado el punto adecuado llega la decisión: es el momento de vendimiar.
La vendimia: el momento decisivo
Cuando comienza la vendimia, todo el trabajo realizado durante los meses anteriores adquiere sentido.
La recolección debe realizarse con cuidado para preservar la calidad de la uva y conseguir que llegue a la bodega en las mejores condiciones posibles. La temperatura, el transporte y el tiempo transcurrido hasta su procesamiento son factores que pueden influir en el resultado final.
En Rueda, además, las condiciones climáticas y las características de cada campaña hacen que cada vendimia sea diferente. El calendario sirve como referencia, pero es el viñedo quien termina marcando los tiempos.
Por eso no podemos hablar de una fecha exacta que se repita año tras año. Podemos hablar de ciclos, de observación y de decisiones tomadas a partir de la evolución real de la uva.